Este post es un poco más íntimo, es una carta para explicarte por qué viajo con un cuaderno, la escribí hace un tiempo y dice así:

Hola,
Quería contarte algo que llevo tiempo sintiendo, y que nunca había escrito tal cual: para mí, dibujar el mundo mientras viajo lo cambia todo.
No sé si te ha pasado alguna vez, eso de estar en un lugar nuevo y sentir que no quieres solo verlo… sino vivirlo de verdad. A mí me pasa siempre. Y cuando saco mi cuaderno de acuarela, me siento parte de lo que está pasando. Como si me dieran un asiento especial para mirar la vida en cámara lenta.
En Croacia, por ejemplo, me senté a dibujar en una plaza. A los 10 minutos, se empezaron a acercar viajeros/as que iban solos curiosos por el dibujo y sin más creamos un grupo de 5-6 personas disfrutando de una tarde preciosa. Empezamos a hablar en inglés, compartimos conversaciones sobre sus vidas, escuchamos la música en directo que había en la plaza y nos reímos como si nos conociéramos de toda la vida. Todo, por un dibujo.

En Lisboa, un chico que viajaba solo se quedó a mi lado durante más de una hora. Me contó que había dejado su trabajo en la India para recorrer el mundo. Hablamos de miedos, de decisiones que cambian una vida, y todo eso… mientras yo intentaba capturar las fachadas coloridas de Alfama.
En otra ocasión, conocí a una familia encantadora que se sentó conmigo a ver el atardecer mientras yo pintaba. Me contaron su vida en Londres, en Indonesia, en todas partes. Fue como leer un libro de vidas mientras el cielo se volvía naranja.
Y en Indonesia… ay. Se me acercaron cinco niñas que vendían postales. Dejaron de hacerlo durante un rato y me pidieron que las dibujara. Se sentaron a mi alrededor con una ternura que todavía me emociona. Al poco rato, algunos locales se acercaron y empezaron a hacerme fotos, como si estuvieran viendo una performance. Solo era yo… con un cuaderno.

Viajar así lo hace todo más profundo. Porque no solo ves monumentos, sientes olores, escuchas conversaciones, miras ojos, entiendes historias.
Y cuando dibujo, intento que todo eso se quede atrapado en el papel, aunque sea con líneas torcidas o manchas sin sentido.
Mis dibujos de viaje no son perfectos, y ni siquiera los considero “buenos” como para imprimirlos. Pero son míos, son verdad, y están llenos de recuerdos que jamás habría vivido si no hubiera sacado mi cuaderno en ese momento.
Si tú también has pensado alguna vez en llevarte un cuaderno en tu próxima escapada, hazlo. Aunque no sepas dibujar, aunque te dé vergüenza. Nadie se va a fijar si te sale bien. Pero puede que alguien se siente contigo, o te regale una historia, o simplemente sonrías más fuerte porque atrapaste algo que no querías olvidar.
Y si ya lo haces, cuéntame. Me encantaría saber cómo es tu manera de ver el mundo con un lápiz en la mano.
Con cariño,
Paloma

